En medio del Himalaya se encuentra la joya nepalí. Rodeado de montañas, verdes valles y selvas Nepal se abre al viajero como el país de las mil sorpresas.
Tierra de yaks y sherpas, Nepal se encuentra donde el frío hielo de las montañas más altas del mundo se mezcla con el calor húmedo de las llanuras indias. Aquí tomaron forma las culturas más sofisticadas del Himalaya y es hogar de una rica herencia artística y arquitectónica.
La capital de país, Katmandú, nombre que también recibe el fértil valle que la rodea, parece una ciudad gris. Pero nada más lejos de la realidad, cuando nos adentramos por su laberinto de calles estrechas descubrimos un mundo vibrante lleno de color. La deslumbrante plaza Durban, con sus majestuosos templos, poco a poco va recobrando el esplendor de tiempos pasados. Alrededor casas con balcones de madera, mercados locales, templos hindúes y budistas dan color a una ciudad en la que perderse será la mejor de las experiencias.
A las afueras aparece, como colosal muro, la majestuosa “morada de las nieves”, Himalaya en sánscrito, vestida con un manto de magia, fruto de las miles de leyendas e historias que protagoniza. Grandes montañas la conforman, y muchos son los que se han atrevido a culminarlas. Everest, Manaslu o Annapurnas son solo algunas de las más famosas ascensiones que un viaje por Nepal ofrece.
Pero Nepal también son junglas espesas donde observar el rinoceronte asiático, antiguos reinos ocultos en áridos valles en las alturas con majestuosos monasterios de piedra, lagos que tienen como telón de fondo imponentes montañas, trekkings entre verdes valles y pueblos solo accesibles a pie, templos con diosas vivientes, gigantescas estupas pintadas de blanco, restaurantes callejeros donde degustar la gastronomía local…
La promesa de aventura y el carácter encantador y amistoso de sus gentes hace de Nepal un destino inolvidable. La primera cosa que harás al volver será planear tu regreso a estas tierras lejanas.