Prospección en Amazonas

El remoto estado de Amazonas al norte de Brasil, con su interminable selva húmeda tropical, una población indígena con tribus todavía aisladas del resto del mundo y la gran cantidad de mamíferos, peces y aves que habitan en sus bosques y aguas provocan sensaciones únicas al viajero que lo explora.

Poco antes de aterrizar en Manaos la visión desde la ventanilla del avión del imponente río Amazonas y el inacabable verde de la tupida selva son algo indescriptible y el inicio del que va a ser un viaje fascinante.
Una humedad del 80% y una temperatura media de 27º nos dan la bienvenida .
Manaus, la capital, es el punto de salida de las expediciones al interior del Amazonas, y nada más iniciar el viaje por el río soy testigo del curioso “encontro das aguas” dónde se juntan sin mezclarse las aguas del Río Solimoes y del Río Negro.

Un par de noches en un sencillo “lodge” en el margen del río y totalmente integrado en la selva me han dado la oportunidad de realizar caminatas descubriendo interesantes insectos y propiedades medicinales de los antiguos árboles y plantas amazónicas. Y , por la tarde, en rudimentarias embarcaciones aprender la técnica de los locales de la pesca de pirañas. Pero, quizás, una de las experiencias que más he sentido ha sido el poder bañarme con delfines rosas del Amazonas, de quienes cuenta la leyenda que están relacionados con el amor y la feminidad.

Otra de las mejores maneras de descubrir esta región es recorrerla a bordo de un pequeño barco con cómodas hamacas . La experiencia me ha dejado muy sorprendida. El río forma pequeñas islas y playas y las vistas de la selva son espectaculares. Dormimos en hamacas en la cubierta superior de la embarcación, mientras que la cocina y los servicios se ubican en la cubierta inferior. La simpatía y el cariño de la pequeña tripulación compuesta por un capitán, su ayudante y dos personas en cocina junto con la maravilla de dormir al aire libre bajo un cielo sólo perturbado por los sonidos del Amazonas son una vivencia inolvidable.

Acompañada por un guía nativo he aprendido técnicas antiguas de caza, he conocido comunidades locales y con sencillos sistemas de escalada he llegado hasta las copas de los árboles desde dónde me he maravillado de esta naturaleza. Por la noche, desde pequeñas canoas he notado la experiencia de sentirme observada por los ojos de los yacarés en safaris nocturnos en los márgenes del río.

Un viaje que realmente ha sido una intensa experiencia por un territorio al que el título “el pulmón del planeta” define a esta valiosa selva amazónica.

 

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